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martes, 8 de febrero de 2011

José Benjamín Che Quimé

Saludos, y bienvenidos.


El que vive bajo la sombra protectora
    del Altísimo y Todopoderoso,
 dice al Señor: "Tú eres mi refugio,
    mi castillo, ¡mi Dios, en quien confío!"
 Solo él puede librarte
    de trampas ocultas y plagas mortales,
 pues te cubrirá con sus alas,
    y bajo ellas estarás seguro.
    ¡Su fidelidad te protegerá como un escudo!
 No tengas miedo a los peligros nocturnos,
    ni a las flechas lanzadas de día,
 ni a las plagas que llegan con la oscuridad,
    ni a las que destruyen a pleno sol;
 pues mil caerán muertos a tu izquierda
    y diez mil a tu derecha,
    pero a ti nada te pasará.
 Solamente lo habrás de presenciar:
    verás a los malvados recibir su merecido.
 Ya que has hecho del Señor tu refugio,
    del Altísimo tu lugar de protección,
 no te sobrevendrá ningún mal
    ni la enfermedad llegará a tu casa;
 pues él mandará que sus ángeles
    te cuiden por dondequiera que vayas.
 Te levantarán con sus manos
    para que no tropieces con piedra alguna.
 Podrás andar entre leones,
    entre monstruos y serpientes.
 "Yo lo pondré a salvo,
    fuera del alcance de todos,
    porque él me ama y me conoce.
 Cuando me llame, le contestaré;
    ¡yo mismo estaré con él!
    Lo libraré de la angustia
    y lo colmaré de honores;
 lo haré disfrutar de una larga vida:
    ¡lo haré gozar de mi salvación!"


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